Atención plena (observación en cuarentena)
Durante el aislamiento obligatorio, comencé a realizar nuevas actividades y a fijarme en detalles que antes pasaba por alto. Por ejemplo, me di cuenta de la mutilación de espacios que había sufrido, a través de los años, el departamento en el que vivo con mis padres; también comencé a leer poesía peruana y a mirar por la ventana de mi habitación. Parado, casi siempre con los codos apoyados en el alféizar, me postraba allí unos cinco minutos y empezaba a observar. De día lo hacía para ver los árboles del parque. Me quedaba mirando cómo las matas de hierba oscura y las palmeras gigantes iban de un lado a otro, movidas por el viento, produciendo un sonido relajante que opacaba el silencio tan extraño de las calles sin gente, sin bulla, sin autos. De noche salía por la ventana para escuchar el mar, que está a menos de un kilómetro, y cuyo sonido de las olas reventando llega burbujeante hasta mi ventana. Un sonido somnífero que me ayuda a dormir y pensar, y que no suena siempre. F...